miércoles, 7 de enero de 2026

1.- Lecturas

Buenos días parroquia 
TIEMPO DE NAVIDAD 

Miércoles, 7 de enero de 2026

1 Jn 3, 22 — 4, 6. Examinad si los espíritus vienen de Dios.

Sal 2. Te daré en herencia las naciones.

Mt 4, 12-17. 23-25. “Convertíos porque está cerca el reino de los cielos”.

     Terminado, casi, el tiempo de Navidad, comienzan, las lecturas, a hablarnos de tu misión de predicar tu evangelio y curar a los enfermos, por todas las sinagogas de Galilea. Y, comienzas hablándome de conversión, de cambiar todo aquello que me pueda impedir seguirte, porque tú, Señor, para esto has nacido, para esto has venido: “para que nos amemos como nos has mandado” (1Jn). He de convertirme a ti porque tú reino está cerca, está en ti y en mí sí creo que tú eres el Mesías, el Hijo unigénito, y creyendo en ti tendré vida  eternamente y seré y viviré feliz. X todos y x todo y x tanto. Feliz día.

El Párroco

Martes, 6 de enero de 2026

 Epifanía del Señor.

Is 60, 1-6. La gloria del Señor amanece sobre ti.

Sal 71. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Ef 3, 2-3a. 5-6. Ahora ha sido revelado que los gentiles son coherederos de la promesa.

Mt 2, 1-12. ”Hemos visto salir su estrella y venirnos a adorarlo”.

Y esto fue lo que hicieron los magos “proclamar tus alabanzas, Señor” (Is 60,6b). Es una de tus Epifanía, manifestación, hoy, en ellos, al igual que a los judíos en los pastores, te manifiestas a los gentiles, a a nosotros, gracias Señor, y es que, como dice San Pablo (Ef 3,6): “También los gentiles somos coherederos, miembros del mismo cuerpo, partícipes de la misma promesa en ti, por el Evangelio”. Señor, que, como ellos, yo también te busque, y a pesar de las dificultades y de dejar de ver, a veces, mi estrella, siga andando hacia ti, y, cuando la vuelva a ver, como ellos, yo también me llene de inmensa alegría y, como ellos, “caiga de rodillas y te adore”, y, como ellos, te ofrezca lo mejor de mí, mi vida, pues solo ofreciéndome a ti, es como seré y viviré feliz. X todos y x todo y x tanto. Feliz día de Reyes.

El Párroco

Feliz día de los Reyes Magos

TIEMPO DE NAVIDAD

Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 118

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no la conoció.

Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.

Pero a cuantos la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

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Jn 1,1-18: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.

Ese Verbo, la Palabra, eres tú, Señor, que con el Padre eres Dios y has venido para alumbrarnos, pero, nos dice el evangelista, que muchos han preferido seguir viviendo en tinieblas, no han querido recibirte, a pesar de que has venido a tu casa, pues sin ti no se ha creado nada de lo que existe, muchos te han cerrado las puertas. Padre, que yo sea de los que lo han querido recibir para que me des el poder de ser tu hijo. No estoy aquí por azar, sino por tu amor, porque como nos dice San Pablo: ”me has elegido en Cristo antes de la fundación del mundo”, antes de la creación ya me habías pensado y “en Cristo me has bendecido con toda clase de bendiciones” (Ef 1,3-6). Gracias, Padre, por tu amor, por no ser fruto del azar sino de tu amor, por hacerme ser, en Cristo, tu hijo, y, porque al mandarme a tu Hijo, el Verbo, tomando mi naturaleza, me has hecho, a mí, partícipe de la tuya por lo que, “cuando esté contigo seré semejante a ti (1ª Jn) porque te veré tal y cual eres”, y mientras, aquí ya, seré y viviré feliz. X todos y x todo y x tanto. Feliz día del Señor.

El Párroco

Tiempo de Navidad antes de EPIFANÍA

Sábado, 3 de enero de 2026

1 Jn 2, 29 — 3, 6. Todo el que permanece en él no peca.

Sal 97. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

Jn 1, 29-34. “Este es el Cordero de Dios”.

“El Señor es mi pastor nada me falta…”. Todo buen israelita rezaba frecuentemente este salmo. Luego, cuando el Bautista, te seña señala diciéndote que eres el Cordero de Dios, los oyentes, quizás hoy no, pero entonces si, entienden, perfectamente, lo que les está diciendo, Dios que es el pastor de Israel, es tu pastor y, Juan y Andrés, te siguen sin dudarlo porque Dios te va a llevar a buenos pastos y frescas aguas, y con Dios Padre no te va a faltar de nada, y ellos quieren que, tampoco, les falte nada, y por eso te preguntan: ”¿Dónde vives?”. Señor, que yo, también, te siga para que, como a ellos y contigo, no me falte de nada y Dios sea mi pastor que me haga ser y vivir feliz. X todos y x todo y x tanto. Feliz día.

El Párroco

Viernes, 2 de enero de 2026

1 Jn 2, 22-28. Lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros.

Sal 97. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

Jn 1, 19-28. “El que viene detrás de mí”.

Que sinceramente valiente y humilde, Señor, es el Bautista, pues confiesa, sin miedo, que él no eres tú, al decir: “yo no soy el Mesías”, y que humilde porque a pesar de que lo tienen por tal, y hubiera podido pasar por ti engañándonos, no lo hizo. El solo es, y así lo confiesa, la voz de la palabra que eres tú, para darte a conocer, para allanar tus caminos y, como él mismo dice, si siquiera se considera digno de ser tu esclavo pues “ni de desatarte la correa de tu sandalia se atreve a hacer”. Señor que, como Juan, yo solo sea tu testigo para que todos contemplen tu salvación y, siendo tu testigo, sea y viva feliz. X todos y x todo y x tanto. Feliz día.

El Párroco

Octava de la Natividad del Señor.

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS.

Jueves, 1 de enero de 2026

Num 6, 22-27. Invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré.

Sal 66. Que Dios tenga piedad y nos bendiga.

Gal 4, 4-7. Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer.

Lc 2, 16-21. “Encontraron a María y a José y al niño. Y a los ocho días, le pusieron por nombre Jesús”. 

Y, por tu parte, tú, madre de Dios, como bien te definió el Concilio de Éfeso en el año 431, “guardabas todas estas cosas en tu corazón”. Y, hoy, la Iglesia, al comenzar el año, me pone tu fiesta, como queriéndome dar a entender que no hay mejor ayuda en mi caminar que escuchar de tus labios el que “he de hacer lo que él (Jesús) me diga”. Y es que ella, “es la mujer, por la que, en la plenitud del tiempo, Padre, me enviaste a tu Hijo” (Gal 4,4), que hoy, y todos los días del Año Nuevo, tampoco me falte tu protección y, como a los israelitas, me bendigas con la fórmula que le diste a Aaron: “que me ilumines y me muestres tu rostro, me concedas tu favor y me concedas tu paz” (Núm 2,25-26), más necesaria que nunca, para ser y vivir feliz. X todos y x todo y x tanto. Feliz Año Nuevo 🎆.

El Párroco

Miércoles, 31 de diciembre de 2025

1 Jn 2, 18-21. Estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis.

Sal 95.  Alégrese el cielo, goce la tierra.

Jn 1, 1-18. “El Verbo se hizo carne”.  

 

La Palabra (Verbo) tú, Señor, lo hiciste todo porque eras Dios, y, sin ti, no se hizo nada de lo que existe. Tú, Verbo y Palabra del Padre, que eras eterno, te hiciste terrenal, tú, que eras invisible, te hiciste visible, asumiste nuestra naturaleza, y, por ende, nos hiciste a nosotros partícipes de la divina tuya. Eras la luz que viniste a alumbrarnos, pero, muchos, no te han recibido, perdóname por tantas veces que cierro los ojos para no verte. Viniste a tu casa y muchos te cerramos las puertas. Pero, a los que te hemos recibido y hemos contemplado tu gloria en la sencillez de un niño, recostado en un pesebre y envuelto en pañales, nos has hecho el poder ser hijos de tu Padre Dios, y, además, lo somos. Gracias, Señor, por tanto amor. Gracias, Señor, porque tu nacimiento me ha dado la gran alegría y me ha hecho ser y vivir feliz. X todos y x todo y x tanto. Feliz navidad 🎁🎄.

El Párroco

Martes, 30 de diciembre de 2025

1 Jn 2, 12-17. El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Sal 95. Alégrese el cielo, goce la tierra.

Lc 2, 36-40. Hablaba (la profetiza Ana) del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Otro personaje que esperaba contra toda esperanza tu llegada, otra anawin de Dios, otra de tus humildes, viuda  y anciana y dedicada a servirte en el Templo. Y cuando los padres del niño, fueron con él, a cumplir lo prescrito en la ley, lo reconoció y no paraba de hablar del niño a todos los que esperaban la salvación, que hermoso testimonio, ojalá yo tampoco deje de hablar de ti. Después, nos habla el evangelio, de que tu, Señor, ibas creciendo, como todo niño, pero buscando en todo momento (estabas lleno de sabiduría) agradar a tu Padre Dios, prefiriéndola (la sabiduría) a todo el oro del mundo. Señor que yo, también, te busque diligentemente para vivir con rectitud y paz, sé que tu gracia, como a ti, pues estabas lleno de ella, no me faltará y, ella, me hará ser y vivir feliz. X todos y x todo y x tanto. Feliz navidad.

El Párroco

Lunes, 29 de diciembre de 2025

1 Jn 2, 3-11. Quien ama a su hermano permanece en la luz.

Sal 95. Alégrese el cielo, goce la tierra.

Lc 2, 22-35. “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador”.

     Simeón es uno de tus anawin, de tus pobres, de Dios mío, de los que esperaban contra toda esperanza la llegada del Salvador. Además, me dice el evangelio que era justo, es decir, que quería cumplir y conocer siempre tu voluntad, Padre. E, inspirado por el Espíritu, ese día va al Templo y encuentra al Salvador, al Mesías, a ti Señor, y proclama uno de los cantos más hermosos y duros, pues, en él, te bendice porque sus ojos te han visto pero, por otro lado, profetiza a tu madre que una espada traspasará su alma. El sí prefirió recibirte a seguir caminando en tinieblas. Señor, yo, también, te he conocido, que no quiera nunca vivir en tiemblas, sino contigo que eres “la luz que alumbra a todo hombre”, y que te lleve con mi vida, también con mis palabras, a los demás, pues es, siendo tu testigo, como seré y viviré feliz. X Todos y x todo y x tanto. Feliz Navidad.

El Párroco


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 2, 13-15. 19-23

Cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:

«Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta:

«De Egipto llamé a mi hijo».

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:

«Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.

Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

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Mt 2, 13-15. 19-23: “Toma al niño y a su madre y huye a Egipto”.

Todas las lecturas de hoy me enseñan las virtudes que debe vivir, y que vivió la familia de Nazaret, modelo que ha de ser para mí y para todas las familias cristianas. José asume el papel de patriarca y obedece a Dios, a pesar de que no es fácil su vida, hoy le manda irse a Egipto para salvar tu vida, Señor, pues Herodes te quiere matar, y no se va allí a quitarle el trabajo a nadie sino a salvar, como muchos migrantes hoy, la vida de su hijo. En la primera lectura del Eclesiástico (3,13-14) me dice, entre otras cosas que: “cuidemos de los padres en su vejez y durante su vida no les causemos tristezas. Y aunque pierdan el juicio, seamos indulgentes con ellos”, cuantos padres abandonados y solo hoy, amémoslos siempre, y, San Pablo, nos dice (Col 3,12-31) que: “Nos sobrellevemos mutuamente y nos perdonemos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor nos ha perdonado: haced vosotros lo mismo…Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús”. Qué hermosa carta como plan de vida, no solo para esta semana, sino para todo el año que está para comenzar, solo con vivir algunos de los puntos que señala seríamos y viviríamos felices. X todos y x todo y x tanto. Feliz día de la Sagrada Familia.

El Párroco

TIEMPO DE NAVIDAD

Sábado, 27 de diciembre de 2025

San Juan, apóstol y evangelista.

1 Jn 1, 1-4. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos.

Sal 96. Alegraos, justos, con el Señor.

Jn 20, 1a. 2-8. ”Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó”.

 

Por respeto, querido Juan, discípulo amado del Señor, dejaste entrar en el sepulcro a Pedro primero. Pero solo tú, el amor, al entrar y ver los lienzos y el sudario, no con los lienzos, sino enrollado en sitio aparte, que creíste que el Señor había resucitado. Señor mío, dame la fe, alimentada por el amor, de Juan, que yo, como él, pueda recostarme sobre tu pecho en toda eucaristía. Y te doy gracias por tu apóstol y evangelista que ha dejado escritas sus experiencias para que mi gozo sea completo y pueda ser y vivir feliz. X todos y x todo y x tanto. Feliz Navidad.

El Párroco

Viernes, 26 de diciembre de 2025

S. Esteban

Hch 6, 8-10; 7, 54-59. Veo los cielos abiertos.

Sal 30. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Mt 10, 17-22. ”El que persevere hasta el final, se salvará”.


 Ayer, Señor, toda la cristiandad celebraba tu nacimiento, y, hoy, celebramos el nacimiento a la vida eterna del primero de la multitud de mártires que dieron sus vidas por ti, san Esteban. Dio su vida por ti, te conoció y te amó, y, como me dices en el evangelio, la perseverancia es camino de santidad, sobre todo, si mueres a este mundo dando la vida terrenal por ti, y es que esas fueron las últimas palabras de Esteban, después de perdonar a los que le estaban lapidando, “a tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”, siendo, en sus momentos finales y con sus últimas palabras, testigo de tu amor. Haz, Señor, que sea fiel. Dame tu ayuda para ser y vivir feliz. X todos y x todo y x tanto. Feliz Navidad.

El Párroco

Jueves, 25 de diciembre de 2025
                          

TERMINA EL TIEMPO DE ADVIENTO



Is 52, 7-10. Verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios.

Sal 97. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

Heb 1, 1-6. Dios nos ha hablado por el Hijo.

Jn 1, 1-18. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

Comienzo del santo Evangelio según san Juan 1. 1-18

En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. El mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.

Pero a cuantos la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Éstos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

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Anoche, nos naciste el Señor, no solo en la ciudad de Belén sino en la de Mérida también, y en el mundo entero y ya “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz” (Is 9,1), te vio a ti, Señor, porque “nos naciste tú, un Salvador: el Mesías, el Señor” (Lc 2,11), porque contigo: “Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres” (I Tit 2,11). Y, tu madre, te recostó en un pesebre porque no había sitio, para vosotros, en la posada. Yo me he estado preparando durante el Adviento para recibirte, y sí, quiero darte, tienes sitio en la posada de mi corazón, pero, para reconocerte he de verte (descubrirte) en las tres señales, las mismas que el ángel les dio a los pastores: “en un niño, es decir alguien, además de pequeño, indefenso necesitado de mi protección, envuelto en pañales y no en ropas pomposas, y recostado no en cuna de real, sino en las cuatro maderas que forman un pesebre. Señor que sepa reconocerte en estos signos, solo así llegaré a ti. Gracias, Señor, por tu gran amor, para esto has nacido, para comunicarnos tu amor y que, así, seamos y vivamos felices. X todos y x todo y x tanto. Feliz Navidad.

El Párroco


 

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